Perfeccionismo y Psicoterapia
Nora Leticia Albores de Sánchez – Psicóloga Clínica y Terapeuta Familiar.
Como parte de las acciones que FISENH realiza, se imparten talleres enfocados a favorecer el desarrollo personal de los colaboradores de diversas organizaciones. Y hace un par de semanas, me correspondió impartir uno de estos talleres.
Durante esta experiencia, reafirmé una de las ideas que plantea Anselm Grün, en su libro “Portarse bien con uno mismo”: el rigorismo que ejercemos hacia nuestra persona. ¿Qué quiero decir con esto?… El ser humano tiene la tendencia a ser muy crítico con las situaciones y personas que le rodean y dentro de esas personas está su propia humanidad. Vamos por la vida siendo unos duros jueces de nuestras acciones…. Claro, también está la contraparte, aquellos que se consideran superiores al resto de quienes les rodean, por tener mayores bienes materiales, por haber alcanzado una posición social o laboral “superior”, etc. éste extremo tampoco resulta sano.
Pero hoy quiero hacer alusión a aquellos seres humanos que se exigen demasiado, que buscan una vida perfecta o un total equilibrio… aquellas personas que su vuelven poco tolerantes con la debilidad ajena y la propia, que no son capaces de asumir los límites de cada ser humano y mucho menos los suyos. Se olvidan de que la naturaleza del hombre es limitada, es decir, vamos construyendo nuestra humanidad a través de caídas y levantadas, de aciertos y errores… justamente es por eso que somos personas humanas.
Comúnmente, nos culpabilizamos o martirizamos internamente tildándonos de malos, débiles y cobardes. O nos devanamos los sesos pensando cómo es posible que hayamos cometido tal o cual error. Analizamos la situación y no nos explicamos cómo nos pudo pasar una cosa así precisamente a nosotros.
Sin embargo, si aceptamos nuestra naturaleza limitada, si tomamos conciencia de nuestras imperfecciones, podremos asumir los propios fallos ante sí y ante los demás. Más de uno se ve sometido a la necesidad de justificarse. Querría tener siempre las manos limpias. Disimular un fallo ante sí mismo o ante los demás no sirve absolutamente para nada, pues cada vez irán apareciendo más indicios de que fuimos responsables del error, de que cometimos esa falta. Pero tampoco sirve considerarse culpable y tenerse por el peor de los hombres. Nos portamos bien con nuestro fallo cuando le dejamos en paz… sin juzgarlo (Grün 2005).
No quiero sugerir con esto que debamos ser conformistas y doblegarnos ante la realidad que nos acomete todos los días, o que viendo nuestros defectos nos demos por vencidos y digamos “así soy y no puedo cambiar”. No, más bien es buscar un camino de conocimiento personal, de reconocer quién soy y de aceptarme con mis bondades y mis fallas; en ese momento también le estoy diciendo sí a la posibilidad de crecer en todos los ámbitos de mi vida.
Aselm Grün, citando a Jung, afirma que lo más difícil, es aceptarse a sí mismo tan pobre como se es. Sólo el hecho de pensar en ello puede producir sudores de angustia, por eso se prefiere con mucho y sin dudarlo, no saber nada sobre sí mismo. Huimos de esa mirada interior que nos permite conocer sobre nuestra propia existencia. Grün continúa diciendo: “Quien conoce todos sus abismos, sus zonas sombrías, sabe que solamente puede vivir en plenitud el que es comprensivo consigo mismo, el que es capaz de decirse sí tal como ha sido creado. Sólo se puede ser misericordioso con los demás si se es misericordioso con uno mismo” (p. 78, 2005)
Pero, ¿qué tiene que ver todo esto con la Psicoterapia?… a mi parecer, la capacidad que tenemos para reconocer nuestros límites como seres humanos, sin caer en ese rigorismo que nos ahoga, nos da la pauta para identificar aquellos estados emocionales que nos remiten a buscar la ayuda psicológica pertinente.
Desafortunadamente, todavía en nuestros días existen diversos prejuicios hacia la terapia psicológica, y muchas veces escuchamos que la gente no asiste a este tipo de procesos pues piensa que han sido creados para los enfermos mentales. Norberto Fabián, afirma que “al psicólogo acude gente sana que tiene conflictos y que siente que sola no los podrá resolver. Tiene mucha salud aquél que busca ayuda en un otro con conocimientos y, más aún, comprometido primero con su propia vida para luego ofrecerse a otra persona y poder comprender su padecer y así ser acompañado para elaborar sus conflictos” (Fabián, 2009)
Al respecto, Grün, afirma que casi todas las escuelas psicológicas parten de que hemos de mirar sin reservas lo que hay en el alma humana sin juzgarlo y sobre todo sin condenarlo. El objetivo de toda terapia es que el paciente pueda aceptarse tal como es, que diga sí a su historia personal, a su carácter, que se reconcilie con todo lo que hay en él. Sólo cuando uno se ha aceptado puede cambiar: esta es la ley fundamental del alma humana.
Los terapeutas casi siempre tienen que tratar con personas que han sido heridas y que no se llevan bien con sus heridas, y que por eso se martirizan (volvemos al rigorismo mencionado anteriormente) o se hacen la vida imposible. Lo que la terapia persigue la mayoría de las veces no es solucionar los problemas de estas personas y hacerles olvidar dichas heridas, sino que cambien de actitud hacia ellas, que las afronten de forma que puedan convivir con ellas (Satir, 1990). Cuando el paciente aprende a portarse bien consigo mismo y con su historia vital llena de heridas, entonces empieza a sanar de verdad.
Quienes hemos pasado por un proceso psicoterapéutico, encontramos esa riqueza de la que hablan Grün y otros autores, sin embargo, quienes no han tenido esa experiencia, aún cuando se dan cuenta de que están atravesando por una situación que les sobrepasa, que les está generando un sufrimiento imposible de manejar, muchas veces postergan la visita al psicólogo, argumentando diferentes razones. Ojalá hagamos un alto y seamos más responsables de nuestros procesos personales, sintiéndonos comprometidos con nosotros mismos. Esto nos permitirá tomar conciencia de aquellos momentos en que la ayuda profesional resulta vital.
Referencias:
Grün Anselm (2005) Portarse bien con uno mismo. Edic. Sígueme, Salamanca.
Virginia Satir (1990) El primer paso para ser amado. Pax, México.
